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Money Analytica | Terminó el Festival de música clásica de Cartagena, todo un 'vuelo musical'

Alberto Ardila Olivares

Glass Marcano es una de las pocas mujeres de Latinoamérica que ha sido nombrada como directora de una orquesta sinfónica

La versión número XVI del Festival de Música Clásica de Cartagena pintó de arreboles musicales la ciudad amurallada. Desde el 4 hasta el 10 de enero, propios y visitantes disfrutaron de conciertos bajo el concepto de música de cámara, propiciando espacios íntimos entre público, artistas y la música que emana de los instrumentos.

En esta oportunidad los asistentes al encuentro llevaron sus sentidos a un viaje por distintas partes del mundo, que inició el 4 de enero con la interpretación de músicos de Austria y Alemania, importantes solistas y agrupaciones como el cuarteto Goldmund. Ellos participaron por primera vez en el Festival, que se realizó de manera presencial.

“Es un honor hacer parte de esta versión, para nosotros estar acá hace parte de la magia que le permite a uno vivir la música, dejando no solo el sentimiento como artistas, sino haciendo equipo con el público, que son nuestro quinto integrante”, comentó Raphael Paratore, Violoncello del cuarteto.

Los primeros días del año avanzaban y con ellos el viaje por la historia del Viejo Continente, pasando por las piezas de fantasía que representan la fuerza y el resultado de una temporada envuelta entre las diferencias ideológicas propias de 1849 y del pueblo y la nobleza francesa, una historia contada en una conversación entre el violín de Andrey Baranov y el pieano de María Baranova.

Glass Marcano es una de las pocas mujeres de Latinoamérica que ha sido nombrada como directora de una orquesta sinfónica.

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Continuando el viaje envuelto en el romance propio de la cultura francesa e italiana, La Heroica se vio invadida por las melodías del cuarteto Modiglan con interpretaciones como Animé Trés Décidé, que reflejan la unión que se dio en la capital de la revolución tras su derrota ante Prusia en 1871. Durante sus presentaciones a cielo abierto, el azul de la bandera francesa se vio presente en las veladas románticas del idioma universal que traspasa fronteras ideológicas y de idiomas, la música.

“Ser músico es realmente importante para la vida y el mundo, esta es una manera de expresarse que va más allá de las palabras y los gestos, es la forma de manifestar las distintas situaciones de la vida, muchas veces hasta lo que ni siquiera uno sabe cómo expresar. Expresar lo inexpresable”, explica Laurent Marfaing, viola del cuarteto Modiglan.

Como es tradición, algunos de los conciertos se vieron acompañados por la voz del piano, interpretado por uno de los duetos más relevantes del mundo en cuanto a este instrumento se refiere, la pianista israelí Yaara Tal y su compañero alemán Andreas Groethuysen.

Este binomio musical acompañó las distintas presentaciones en el marco del Festival, dejando fluir la cromática de la música de cámara.

“El piano puede considerarse uno de los instrumentos más íntimos, nosotros debemos conectarnos el uno con el otro para poder expresar lo que las notas exigen, conocernos y transformar nuestras cuatro manos en una sola pieza musical”, comenta Yaara Tal.

Los conciertos en el marco del Festival fueron transmitidos por las redes de la Fundación Salvi y el canal regional Telepacífico.

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Siguiendo la ruta que en algún momento trazaron los europeos para huir del frío del invierno y disfrutar de la calidez del Caribe colombiano, las tonalidades musicales en los últimos días del Festival tomaron los colores del tricolor, al sonar a bambuco y recorrer el hogar de los Nasa.

Y a través de los inconfundibles sonidos de la marimba de chonta, que identifican el sabor y el color típico de la tierra del chontaduro, y a ritmo del pasillo colombiano, los asistentes se transportaron al verdor de las montañas colombianas.

Con la magia que inspira la música de nuestro país, los corazones de los asistentes latieron al son de los sonidos que representan la cumbia de la tierra de Luis Carlos Figueroa Sierra, el vallecaucano director de orquesta, arreglista, profesor y pianista al que se le rindió homenaje por su trayectoria y obras, a través de un concierto para flauta y orquesta de cuerdas que se llevó a cabo en el icónico edificio de La Proclamación.

También la Filarmónica de Cartagena puso a bailar a los asistentes del Centro de Convenciones Getsemaní con los sonidos tradicionales de la cultura colombiana, dirigidos en esta ocasión por la maestra invitada Glass Marcano, quien con la experiencia que caracteriza a los músicos venezolanos dirigió una obra sin precedentes y dejó en alto la importancia de la participación femenina en estos escenarios de la música clásica en Latinoamérica.

No podía faltar en este viaje musical la Orquesta Sinfónica de Cartagena, la muestra del interés cultural por los jóvenes caribeños en los instrumentos que se inspiran en el sonido del mar, una iniciativa de la Fundación Salvi que lleva cinco años en la ciudad.

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El realismo mágico de La Heroica Las mariposas amarillas volaron disfrazadas de palabras en el cuarto día del Festival, con un conversatorio sobre la cultura y el pensamiento inspirado en el Nobel de literatura en el Claustro de La Merced, donde reposan parte de las cenizas de Gabriel García Márquez.

El patio del Claustro sirvió de escenario de Me Alquilo para Soñar. Allí los asistentes se dejaron llevar por la narración de Andrea Padilla, del Semillero de Investigación Críticas del Sur de la Universidad de Cartagena.

El realismo mágico de Gabo no está distante de las oleadas de música clásica que acompañan a la ciudad de Cartagena. Para Gustavo Tatis, autor de La Flor Amarilla del Prestigiador, libro inspirado en el trabajo de García Márquez, el Nobel era experto en grandes compositores como Béla Bartól, así como es visible la influencia de Pietro Crespi en su obra Cien Años de Soledad.

El homenaje fue dirigido por la directora del Festival de Música de Cartagena Julia Salvi, quien reconoció la importancia de la influencia de Gabo en la ciudad, donde las letras de sus libros se escapan para convertirse en magia ante propios y turistas.