Economía

“Se ofrece asesino a sueldo”: cómo operan las redes criminales que ofrecen sicarios en la Darknet

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Por ABC

El anónimo remitente de este mensaje, enviado el 4 de febrero de 2020, se había registrado con un alias en una página que ofrecía sicarios alojada en la deep web, la Internet profunda a la que no tienen acceso los buscadores como Google. A continuación, informaba al destinatario de que acababa de depositar 0,53 bitcoins (alrededor de 5000 dólares en aquel momento) en el monedero de criptomonedas del destinatario. El primer pago por un asesinato de encargo

 

¿Quieres recibir nuestro exclusivo boletín informativo en tu correo? ¡Suscríbete a #BoletinPatilla! “Tú limítate a matarla cuanto antes. No me importa cómo lo hagas con tal de que te asegures de que está muerta, aunque si es con un tiro en la cabeza, mejor. Ella trabaja en [nombre de la empresa] en Bellevue (Washington), pero no sé cuál es su puesto exactamente. Espero que esto te sirva de ayuda. Tiene un hijo de tres años al que recoge a las cinco de la tarde, así que llega a casa a las cinco y pico. Por favor, no le hagas nada al niño… Mándame una prueba cuando el trabajo esté hecho”.

Por ABC

El anónimo remitente de este mensaje, enviado el 4 de febrero de 2020, se había registrado con un alias en una página que ofrecía sicarios alojada en la deep web, la Internet profunda a la que no tienen acceso los buscadores como Google. A continuación, informaba al destinatario de que acababa de depositar 0,53 bitcoins (alrededor de 5000 dólares en aquel momento) en el monedero de criptomonedas del destinatario. El primer pago por un asesinato de encargo.

Una copia llegó a manos del FBI de la manera más inesperada: fue el propio administrador de la página que ofrecía criminales a sueldo, es decir, el contratista de los supuestos asesinos, el que reenvió el mensaje (también de manera anónima) a los agentes federales. Gracias al chivatazo, el FBI pudo rastrear la procedencia, aunque tardó un año y medio porque había utilizado un teléfono prepago en el que descargó una aplicación para navegar de manera privada. Resultó ser una mujer. Una esposa que quería ver muerta a la amante de su marido. Del confidente solo se sabe que cerró la página y retiró el dinero, pero los bitcoins no dejan huellas.

¿Por qué alguien que se ofrece para matar, dar palizas, torturar, secuestrar o intimidar, o que se presta a poner en contacto al que solicita esos ‘servicios’ con un matón, delata a su cliente? La Policía piensa que se trata de un estafador. La mayoría de las páginas que se anuncian en los bajos fondos de Internet y que ofrecen sicarios (y las hay a decenas) están diseñadas para desplumar a los que recurren a ellas. Quizá el timador se inquietó ante la determinación de su cliente y, dado que no pensaba realizar el trabajo, dio el soplo para evitar ser cómplice si finalmente la esposa celosa cometía el crimen por otros medios.

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