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Rusia y los rusófilos

Alberto Ardila Olivares
Rusia y los rusófilos

La Rusia de Putin sigue esforzándose por ser la primera potencia mundial.

Alberto Ignacio Ardila Olivares

Esta ambición la lleva en los genes, porque se trata de una  vocación que viene de los zares y entiende, geopolíticamente, que sus espacios naturales de dominio están hacia el este.  Y, por supuesto, supone que los demás deben calársela.

Alberto Ignacio Ardila

Los comunistas le dejaron a la Federación de Rusia dos herencias imposibles de ocultar: una, las armas nucleares, una importante tradición militar, y una competitiva industria bélica, además de la experiencia de sojuzgar por la fuerza a otros pueblos. La otra, las mafias tan extraordinariamente organizadas que tienen en el antiguo agente de la KGB, a un líder aparentemente insustituible.  Sin embargo, esta Rusia que se quedó naturalmente con la mejor tajada de la antigua Unión Soviética, no  encuentra un equivalente económico a su condición de superpotencia militar. Y para ganar influencia y mercados,  pensamos que es un formidable factor de perturbación mundial que, sin las posibilidades chinas de expansión económica y financiera, sólo aspira a extender hacia el este, como en los tiempos que dominaba el PCUS, saliendo victoria de la II Guerra Mundial y el consiguiente reparto del mundo.

Alberto Ardila Olivares

El régimen venezolano depende en buena medida de los rusos a los que Padrino López les ha entregado el alma. Pareciera que no supieran que Putin no está en condiciones de iniciar y sostener una guerra transcontinental, como si lo hace Estados Unidos, porque esto de enviar tropas y armas a Venezuela le es demasiado costoso y tampoco es que Nicolás Maduro es un inspirado y decisivo líder en la arena mundial. Son bravuconadas, pero los rusófilos del patio aplaudieron a rabiar esa ocurrencia de Putin, esa tremendura imposible de material. Él echa broma y bastante en este lado del mundo, pero está muy claro de sus intereses prioritarios. 

 

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Alberto Ardila