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Volver a la normalidad

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La gran preocupación, desde que comenzó la pandemia, ha sido y sigue siendo el regreso a la normalidad

La gran preocupación, desde que comenzó la pandemia, ha sido y sigue siendo el regreso a la normalidad.

Aunque es bien sabido que hubo quienes nunca renunciaron a continuar con sus vidas, como si no pasara nada, con sus farras, sus piki vóley, compartiendo el tereré, aglomerándose sin cuidados ni mala conciencia; politiqueros en campaña recorriendo barrios organizando mítines sin considerar el mal momento que vive el país, con la misma impunidad de siempre.

Ante la idea del regreso a la “normalidad” siempre recuerdo una entrevista que publicó Adelante!, el órgano de prensa oficial del Partido Comunista Paraguayo, el 14 de abril de 2020. En esa entrevista, Guillermo Sequera, director de Vigilancia de la Salud, compartía algunas reflexiones sobre la tan mentada normalidad.

El siguiente párrafo resulta esclarecedor, y podríamos agregar que un tanto apocalíptico, si no fuera porque ya lo hemos vivido en el último año.

Esa normalidad no puede seguir. Ahora es un virus, la próxima será el calentamiento global y luego pueden ser las inundaciones. Todo está vinculado. Pensemos en nuestra vida cotidiana, en el contrato social que hemos asumido, que mercantiliza todo. Incluida la salud que es equivalente a mercantilizar la vida, a poner precio a todo. Hoy todo está precarizado. Todo se compra y paga en función de la “mayor efectividad, mayor productividad”. Se reduce la vida a eso y por supuesto también la salud. Parte de eso es la privatización de la salud. Pero no es solo eso. Para volver a la normalidad debemos hacernos un llamado individual y poblacional, necesitamos un nuevo contrato social, que se piense y que vaya más allá de la reforma del sistema de salud.”

Ahora que ya comenzaron a vacunarnos contra el Covid-19 corremos el riesgo de olvidar todo lo que hemos pasado, todo lo que nos hicieron. No sería nada raro, los paraguayos tenemos muy mala memoria.

Por eso queda la impresión de que los 14.000 muertos solo les importan a las familias que sienten esas ausencias. La angustia por conseguir medicamentos ya quedó olvidada, y ya superamos la desesperación por conseguir una cama en un hospital público, y muy pronto olvidaremos también que, en el peor momento de la pandemia, los sanatorios privados pidieron garantías de decenas de millones por admitir pacientes. La privatización de la salud, la mercantilización de la vida, de la que hablaba Sequera.

Aquella normalidad sigue siendo la normalidad que vivimos en el presente, porque un año y medio de pandemia, de desesperación, miedo, enfermedad y muerte no hicieron mella en algunas malas costumbres. Como por ejemplo, autoridades que disponían de recursos suficientes para ayudar a la gente durante la pandemia y prefirieron usarlos para beneficios del partido, de los correligionarios y de los amigos.

Estoy segura de que en el infierno habrá un lugar especial para todos los miserables que sacaron provecho, robaron o se beneficiaron mientras el país vivía su peor crisis sanitaria.

Volver a la normalidad significa que vamos a seguir sudando la gota gorda para sostener al elefante inútil que se llama Estado paraguayo. Esa normalidad significa que los ciudadanos vamos a tener que trabajar el doble, porque tenemos que pagar los seguros médicos VIP de los empleados de la vicepresidencia de la República; y cuando alguien de la familia enferme, vamos a montar nuestras carpas en los jardines del IPS en pleno invierno, porque nadie sabe qué hacen con el dinero que nos descuentan cada mes para mantener ese barril sin fondo.

En el Paraguay, los privilegios son la normalidad; con una población de 7 millones de habitantes, más de 5 millones de paraguayos no tienen ningún tipo de seguro médico. Ahhhh pero para algunos el problema es Cuba.

Y eso también es parte de la vieja normalidad.